Revolución Mexicana 1910


Por estar asociada con estos días que nos recuerdan la Revolución , copio este texto de Sergio Sarmiento, en el cual hace una reflexión acerca de nuestro 20 de Noviembre y todos los hechos relacionados con ese movimiento:

Sevilla, España.- En la mitología oficial de nuestro País, el 20 de noviembre celebramos el aniversario de la Revolución Mexicana. Como tantos otros festejos oficiales, sin embargo, éste está hecho de mentiras.

El 20 de noviembre de 1910 fue la fecha que Francisco I. Madero estableció en su Plan de San Luis como inicio de una rebelión que no tuvo lugar. Dos días antes, tropas federales acabaron con el levantamiento que Aquiles Serdán preparaba en Puebla. El propio 20 de noviembre Madero cruzó la frontera desde Estados Unidos a Ciudad Porfirio Díaz (hoy Piedras Negras), pero al no encontrar apoyo regresó a la Unión Americana. Nada más ocurrió ese día.

En las siguientes semanas empezaron a surgir brotes de insurrección que tenían o no que ver con el Plan de San Luis. El Gobierno de Estados Unidos, molesto con Díaz, apoyó estos brotes movilizando tropas a la frontera y apostando buques frente a los puertos mexicanos. Tras algunas escaramuzas, la primera gran batalla de la Revolución tuvo lugar entre el 8 y el 10 de mayo de 1911 cuando Pascual Orozco y Pancho Villa tomaron Ciudad Juárez a pesar de que Madero se oponía a ello.

De manera sorprendente, Porfirio Díaz, que no había siquiera empezado a utilizar la fuerza del Estado contra la rebelión, buscó un acuerdo con Madero. Cansado y enfermo, consciente de la hostilidad de Washington, Díaz renunció al poder y abrió las puertas a Madero.

Quizá nadie estaba más sorprendido que el propio Madero. El 25 de mayo Francisco León de la Barra asumió la Presidencia y el 7 de junio, día de un fuerte sismo, Madero entró a la Ciudad de México. El 6 de noviembre asumió la Presidencia, tras una elección en la que supuestamente recibió el voto de más del 98% de los ciudadanos.

Ahí terminó la Revolución del 20 de noviembre, la Revolución de Madero, quien pronto se enfrentó a la hostilidad de algunos grupos que habían apoyado su causa. Tres semanas después de la toma de protesta, el 25 de noviembre de 1911, Emiliano Zapata lanzó su Plan de Ayala en el que desconoció a Madero.

Empezó ahí la segunda etapa de la Revolución Mexicana, la etapa del caos. Pascual Orozco, reconocido como jefe del Plan de Ayala por Zapata, lanzó en 1912 su propio Plan de Empacadora o Plan de Chihuahua contra el Gobierno. Madero envió al norte al general Victoriano Huerta, quien, apoyado por Villa, derrotó a Orozco.

En la Ciudad de México surgió una nueva revuelta contra Madero, la cual liberó de la cárcel al general Bernardo Reyes y a Félix Díaz, sobrino de Porfirio Díaz, para encabezar el movimiento. Reyes murió en un intento de tomar Palacio Nacional mientras que Díaz se atrincheró en la Ciudadela. Madero recurrió nuevamente Huerta y lo nombró comandante de plaza; pero éste se unió a los rebeldes y, con el apoyo del embajador estadounidense, aprehendió y ejecutó a Madero. Huerta se proclamó Presidente, tras un interinato de 45 minutos de Pedro Lascuráin.

Venustiano Carranza, gobernador de Coahuila, primero reconoció a Huerta pero después se levantó contra él. Tuvo el apoyo de Villa, de Pablo González y de Álvaro Obregón, entre otros generales revolucionarios. En el sur, Emiliano Zapata, quien se había rebelado contra Madero, continuó la guerra contra Huerta y mandó matar a los enviados que éste le hizo llegar.

Carranza derrotó a Huerta en parte porque Estados Unidos, con un nuevo Gobierno, no quiso apoyar al general golpista, al grado que tropas estadounidenses tomaron Veracruz en 1914. Huerta renunció al poder, pero Villa y Zapata se negaron a reconocerla presidencia de Carranza y apoyaron al general villista Eulalio Gutiérrez nombrado presidente por la Convención de Aguascalientes. Carranza derrotó a Villa con tropas comandadas por Álvaro Obregón y a Zapata con un contingente encabezado por Pablo González. Más importante que esto, sin embargo, fue el reconocimiento que logró de Estados Unidos, que, a punto de entrar a la primera guerra mundial, quería un Gobierno estable en México.

Carranza fue controlando el País poco a poco. Impulsó la Constitución de 1917, pero fue depuesto y asesinado en 1920 por Obregón, quien ocupó la presidencia de 1920 a 1924. Obregón le dejó el poder a su subalterno Plutarco Elías Calles, pero fue reelecto Presidente en 1928, sólo para ser asesinado antes de regresar al poder.

La Revolución había decimado a la población y arruinado la economía mexicana. Calles decidió ponerle punto final al no intentar mantenerse en el poder tras el asesinato de Obregón. Creó, con los caciques sobrevivientes, un partido de Estado. Uno de los propósitos era repartirse los despojos del poder; otro, crear instituciones que cerraran la puerta a la violencia.

Calles supo, sin embargo, que para garantizar el fin de la Revolución necesitaba crear un mito de la Revolución. Así lo hizo y hasta hoy, hipócrita o ingenuamente, festejamos este mito. Sergio Sarmiento.

Información tomada del Periódico AM.

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